sábado, 25 de julio de 2026

Fragmentos: Una planta rodadora en la cuneta.

 


Una planta rodadora en la cuneta.


Podía sentir el latido de su corazón en la encía de cada diente y en la raíz de cada pelo mientras esperaba. La espera se demoró más de lo habitual. Tratando de no ceder la concentración cerró los ojos y por unos segundos desfilaron por su mente imágenes desordenadas, olores y voces, escenas de un tiempo pretérito. Aquella sensación le sobresaltó y le llevó a abrir los ojos súbitamente; la espera continuaba. Su vida había sido y seguía siendo esperar. Volvió a cerrar los ojos y vio una carretera, una línea amarilla en el centro y desierto a ambos lados. Una planta rodadora en la cuneta. Escuchó una voz, crisol de voces de mujer. Escuchó ruido de cuerdas, cadenas, gemidos. Vio un vestido sin cuerpo a los pies de una cama, unas medias de seda. Y una espiga negra. Abrió los ojos y vio la oscuridad de aquel túnel. La espera continuaba. Al otro lado del mar todos dormían mientras él esperaba. A quién podría importarle ya que Nadie siguiera esperando. Cerró los ojos, los volvió a abrir. Él también había bebido en otro tiempo hasta la sobriedad. Qué importaba ya ser o no ser. Todo iba a pasar y pasó. Mucho tiempo después, a muchos miles de kilómetros de allí, la caravana avanza, los perros ladran, y el viajero ya no espera con los ojos cerrados; camina con el corazón y los ojos abiertos.


Lorite Serrano.

Imagen: Agustín de Alba Salceda. 

Fragmentos: Una planta rodadora en la cuneta.

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