Todas las paredes
son la misma pared,
en todas las culturas,
en todas las épocas.
Lorite Serrano.
Los tiempos siguen cambiando
Envidio al cantante y al músico
tanto como al pintor y al poeta.
Envidio al actor y al payaso
tanto como al que baila o esculpe.
Envidio al cineasta y al arquitecto
tanto como al fotógrafo, envidio
a todos aquellos que en tiempos
de censuras o dictaduras
les queda la calle y el metro.
Pero que alguien me diga
qué le queda a un torero
cuando el viento sopla
a favor de los que gustan
matar a contra natura.
Al ser humano de un balazo
al toro bravo en un rastro.
Lorite Serrano.
El equilibrio es
para equilibristas.
Locura permanente
Mi locura nunca fue transitoria,
por enésima vez me levanto,
eso en sí, ya es una victoria.
No me voy a rendir nunca
porque sé que vivir
es apostar a ser feliz.
Doble o nada al color del amor,
del arte y de todo lo que hace
que a pesar de tener que irte
decidas quedarte.
Un verso libre
No sé si a mi paso
voy dejando huella o mella
o solamente indiferencia.
En cualquier caso
sigo caminando
y no pienso mirar atrás
para comprobarlo.
No soy cualquiera, soy yo,
con todos mis nombres
con todas sus letras.
Un verso, un borrón,
otro verso, otro borrón,
pero sigo avanzando
como un verso libre
a través de un texto esclavo.
Me alimento de las cosas
que pasan a mi paso
y de la gente que al cruzar
sus vidas con la mía
acarician mi alma,
ponen papel y tinta
en mis manos
y se van dejando
un reguero de versos
a su paso.
Llanto
Ella lloraba casi todos los días
-por cualquier cosa-.
Le dije que no llorase,
que dejase las lágrimas
para la muerte de su perra
o de sus padres,
o para cuando a alguno de nosotros
no diagnosticaran cáncer.
Se alejó cuanto pudo de mí
y siguió llorando.
Marzo del 23
Yo que quiero vivir oculto
escribo y publico poemas,
me calzo unas manoletinas,
me enfundo unas medias rosas,
y mato un toro a la vista de cualquiera.
Misántropo empedernido
sueño desde el más profundo escepticismo
que salen a flote el hombre y el mundo.
Hipocondríaco que piensa a diario en la muerte
claudico ante su lealtad,
pues sólo se dejará ver
cuando yo ya me haya ido.
Sigo queriendo París con aguacero.
Linares, aun teniendo que luchar
contra el agua sólo con fuego.
Aunque duela, Aguascalientes.
Y Sevilla, si es vestido de torero.
El camino más largo
Cuando ya no quede nadie,
cuando nadie reparta más cartas,
tal vez rompa la baraja.
Hasta la fecha,
si alguna vez me levanté de la mesa,
fue para servirme hielo o ajustarme las espuelas.
Mis amigos apostaron a caballo ganador,
al más veloz, siendo esta una carrera de fondo.
No les guardo rencor.
Tenían que sobrevivir,
familias que alimentar,
y esa maraña de cosas.
Remuevo las cartas,
gotitas de bourbon y hielo.
El camino más largo
es tan duro como
jodidamente bello.
Ligeros de equipaje
El pianista despertó de la anestesia
y comprobó que había perdido
tres dedos de su mano izquierda
y el pulgar de la derecha.
El escritor no reconoció a su hija
en la sala de estar de aquella lúgubre clínica.
El pintor fue liberado de las vendas
y se adentró en una oscuridad
de la que no regresaría.
El tenor se levantó de la cama,
caminó hasta el espejo y acarició
la delicada red que cubría aquel perfecto agujero en su cuello.
Abrí los ojos y rodé sobre este enjambre de sábanas
en que te has convertido.
Supongo que es esto
lo que quieren decir los que dicen
que hay que llegar al final
ligeros de equipaje.
Texto y fotos: Lorite Serrano.
No escribo como un torero
ni toreo como un poeta,
sangro negro sobre blanco,
libero mi alma de cadenas.
Vivo buscando respuestas
a preguntas que me asedian,
hasta mí llegan palabras
y no sé qué hacer con ellas.
Todo lo que el día me negó
tampoco en la noche lo encuentro,
siempre el mismo en el espejo,
siempre afilado el recuerdo.
Cruzan páramos de insomnio
sombras, silencios y ausencias
cabalgando hasta el alba
sobre desbocadas bestias.
En esta ansiedad que impera
sigue buscando el niño que soy
al hombre que fui; ni rastro.
No amo como un filántropo
ni mato como un asesino.
Ni mi nombre pude elegir,
no sean tan duros conmigo.
Desde el antiguo telar
hasta la cruz de madera,
atravesadas por clavos
o apretando unas tijeras,
en todas las manos encuentro,
entre surcos de misterio, una certeza.
Cansado ya de buscar,
de preguntas sin respuesta,
de pasado y de certezas,
pienso en acabar conmigo,
a fin de cuentas, dicen,
soy un asesino.
Me pregunto
si los asesinos de verdad
dudaran tanto, pero aquí sigo.
Noche entre luces.
Saber vivir
también es
saber morir un poco.
Gracias, México
Gracias, México
nunca me hiciste sentir extranjero
en tus entrañas encontré las mías
y en uno más de tus contrastes
me hiciste vivir matándome primero.
Ahora, más vivo que nunca
te dejo un tiempo;
nos vendrá bien mirarnos desde lejos
y soñar con el reencuentro.
Gracias, México
por cada uno de tus días
por regalarme otros atardeceres
enseñarme a olvidar
y obligarme a querer.
Gracias, México
por todo lo que me das
aunque a veces
no es lo que pido
siempre es de más.
Gracias, México
a la vuelta del otoño
en su esquina, el día de muertos
me tendrás.
Galeana Sur
El sol va ganando terreno,
mientras se quema
una barrita de incienso,
arde el silencio.
Un americano con canela,
un libro de relatos de Bukowski,
ya es día de muertos en Aguascalientes,
y entre esta calma y tanta espera
relajo los dientes y me dejo seducir
por lugares como este.
Imperfecciones
Las imperfecciones del arte,
el instante preciso, el relance.
Los lances de la vida
sucediéndose con prisa en el asfalto
sólo los cura el poema y su sosiego,
el humo azul de un cigarrillo
mezclado con el polvo amarillo del albero.
La vida real vestida de luces
bailando un baile sin nombre
con las sombras
de la suerte
a las puertas
de la fiesta
de la muerte.
México
Dejar México
fue más duro que dejar de fumar,
y yo dejé de fumar.
Dejar México
fue más duro que dejar de beber,
y yo paso largas temporadas sin beber.
Dejar México fue, de largo, más duro que dejar un amor
y yo dije más de una vez no.
Dejar México mata.
Lo malo de morir así
es tener que seguir viviendo.
Fuego en la noche
En el silencio suelen estar
todas las respuestas.
Y no hay silencio más sabio
que el de la noche,
ni noche más oscura
que la de aquellos
que se niegan a escucharla.
En la oscuridad
suelen hacerse
todas las preguntas.
La respuestas llegan
como toda luz
generando sombras.
Siempre fue así;
la única fuente de luz
que no genera sombras
quema.
Dos más en la ciudad
Ciudad de México,
la vida y la muerte
son dos más en la ciudad;
cada mañana se encuentran
desnudas y sin maquillar.
Volver, volver, volver
En México hay un lugar
que sabe más de mí
que el lugar donde nací.
Un lugar que extraño como se extrañan
los amantes que no saben partir.
Un lugar que me enseñó a olvidar
y me obligó a creer.
Tierra de agua y sangre calientes,
gente buena, buena gente.
Ya es otoño.
Extraño otoño, tal vez el último.
Sueño que no lo es
y mis pies te pisan descalzos.
Sueño reflejado en mis pupilas un atardecer hidrocálido.
Sueño que vuelvo y revuelvo,
sueño dormido y fantaseo despierto
con vivirte todos los otoños que me quepan dentro.
Donde yace lo nuestro
Todas las tumbas huelen a muerte
pero allí donde yace lo nuestro
huele a papel y a libro viejo.
A tierra mojada, a fruta prohibida
podrida, y a yerro.
Todas las tumbas huelen a muerte
pero allí donde yace lo nuestro
huele a sábanas manchadas
de pasado, sudor y lágrimas;
fragancia de las cosas bien enterradas.
Al otro lado del río,
donde yace lo nuestro,
amor y odio descansan
bajo una gran piedra de olvido.
Lindo y querido
Casi veinte años después
de naufragar en el norte
lo dejé escapar en el centro.
No necesité viajar al sur
para tener mi propio altar
el Día de Muertos.
Siempre hay
Siempre hay hojas
de un periódico viejo
arrastradas por el viento
a una calle sombría.
Siempre hay sueños
viejos o nuevos,
arrastrados por la vida
a un callejón sin salida.
Siempre hay palabras
mal escritas, vidas mal vividas,
cuerpos mal amados.
Siempre hay un revólver cargado
esperado en alguna parte
que alguien se atreva a usarlo.
Siempre hay un cigarrillo consumiéndose
entre los dedos de alguien que a su vez
entre los dedos de alguien se consume.
Siempre hay un vestido de lunares,
unas medias de rejilla,
unos tacones negros
y un alma a juego.
Siempre estoy yo
al otro lado en el espejo,
hasta que deje de estar
y esta manta gris sea una sábana blanca
y no sea yo quien me tape.
Pero siempre habrá alguien
que al pasar por una calle sombría
vea las hojas de un periódico viejo
arrastradas por el viento
y al llegar a casa escriba:
Siempre hay hojas
de un periódico viejo
arrastradas por el viento
a una calle sombría.
Siempre hay sueños,
viejos o nuevos,
arrastrados por la vida
a un callejón sin salida.
Si estás buscando busca
en la ropa tendida en el balcón de la vecina,
en el maletero de un coche sin matricula,
en este país, en la frontera, en cualquier comisaría,
en todos los lugares que nunca imaginaste,
en el asiento trasero de un coche viejo,
en los espejos retrovisores,
en la luz azul de las calles en invierno,
en el amarillo del trigo que agoniza,
en el fondo de tus ojos, y en los de ellos,
en la trastienda del éxito,
en la ceniza que desprende tu vida al consumirse,
en las entrañas de la psique,
en los gatos de la calle,
en los pasos de nadie,
en los sueños que salieron disparados detrás de tus fracasos,
en los barcos varados,
en los corazones que laten después de muertos,
en los cruces de caminos,
en las puertas giratorias del olvido,
en lo que ibas a ser,
en lo que ibas a ser
y lo que has sido.
Los caballos seguirán corriendo
Éramos felices.
No todo el tiempo,
el suficiente cada día
para afirmar que lo éramos.
A veces a última hora de la tarde
aún había luz, y la suerte
a pesar de estar siempre tan ocupada,
parecía hacerme un guiño,
un gesto de complicidad que alejaba
por un momento la certeza
de que cuando ya no estuviera allí
los caballos seguirían corriendo.
Todo seguiría su curso,
igual o mejor, porque un adiós
también mejora un paisaje a veces.
Un Laguna heredado
El Laguna blanco del que hablo
había sido taxi durante casi diez años.
Un zorro viejo, pero qué maravilla.
Más de cien mil kilómetros
y no se achicaba ante nadie.
En él recorrí gran parte del país:
Sevilla, Madrid, Granada,
Murcia, Córdoba, Almería,
un sinfín de pueblos, carriles,
playas, puertos de montaña...
¡No se le resistió nada!
En él me emborraché, fumé, amé,
descubrí lo mejor y lo peor del ser humano,
la enfermedad, el dolor, sus estragos.
Y fui feliz con el rugir de la libertad en seis marchas.
Un Laguna blanco y desvencijado
donde más de una noche dormí en la reserva
y una madrugada prometí escribirle
algo parecido a un poema.
Mi alma en aquel tiempo,
hojarasca mojada por la lluvia,
arrastrada por el viento, encontró
en ese Laguna blanco y viejo
un refugio donde llorar sin hacer ruido,
una guantera llena de versos,
y un asiento trasero donde ser algo con cualquiera
que fingiera amarme o fingiera a secas.
Sobre aquellas cuatro ruedas salí disparado
la mañana que escuché a mi corazón y aceleré
dejando atrás aquellos campos de girasoles muertos
sin miedo a que ardieran mis alas a lomos de aquel zorro viejo.
De la derrota
Conozco la agonía de la lona,
el crujir de las cuerdas, el hedor del fracaso.
Poco o nada sé de la derrota, sé que existe,
y que a veces me ronda.
Yo pego un tiro al aire y cierro
ventanas y puertas con llave.
Detrás de cada horizonte no encontré nada, ni a nadie.
Aun así seguí adelante.
No debí adentrarme más allá de la bruma del deseo,
donde sólo hallé un dolor que creía emancipado
abierto como una flor entre piernas de mujeres
que tras de mí se iban cerrando.
No debí acercarme tanto, ni amarrado al mástil
debí escuchar sus cantos.
Insistí como el mar insiste ola a ola en romper la roca,
en abrir caminos de luz donde ver y oir,
pero sólo hallé piel, laderas, montes y dunas,
y sólo alcancé a abrir la boca
a la hora de cantar el desengaño en todos sus idiomas.
No debí aceptar aquella última copa
rebosante de la mejor culpa espumosa.
Poco o nada sé de la derrota.
Sé que existe, porque otros la nombran.
Yo coso con hilo de olvido todos mis fracasos
para seguir navegando sin miedo a los naufragios,
qué recuerden ellos, me digo, y levo anclas y alzo velas.
Noche entre luces.
Lorite Serrano.
Antonio José Lorite visitó el plató de Segundo Aviso, el programa de toros de Tveo Televisión.
Presentación del libro Noche entre luces.
Jueves, 21 de septiembre de 2023.
Biblioteca Municipal de Linares, 19:00 h.
Antonio José Lorite ha sido invitado a participar en la I Feria virtual del libro Australia.
Un recital colectivo, el día 5 de septiembre, y la presentación de su libro El verso libre de un texto esclavo, el día 14 del mismo mes, conforman su participación en la feria.
Gracias a Cecilia Pari, I Feria Virtual del Libro Australia, y el Colectivo Cultural El poema de tu vida internacional.
Fotos: Feria virtual del libro Australia.
Una planta rodadora en la cuneta. Podía sentir el latido de su corazón en la encía de cada diente y en la raíz de cada pelo mien...